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Butarque, casa prestada del Rayo: la afición franjirroja vuelve a rugir contra Presa en Leganés

El estadio de Butarque acoge de nuevo al Rayo Vallecano y los gritos de protesta contra Presa resuenan entre los pocos aficionados presentes.

Butarque, casa prestada del Rayo: pocos aficionados, pero muy claros contra Presa

El Rayo Vallecano volvió a pisar el césped de Butarque, y lo hizo, una vez más, casi sin su gente. El conjunto franjirrojo sigue sin poder jugar en su estadio de Vallecas y, mientras esa situación se prolonga, el campo municipal de Leganés se ha convertido en su hogar temporal. Un hogar, eso sí, que recibe con más silencio que júbilo.

La mayor parte de la afición rayista ha optado por una vía de protesta bien definida: no acudir a los partidos mientras el equipo no juegue en su estadio. Es un boicot silencioso, una silla vacía que habla por sí sola. Pero quienes sí se desplazaron hasta Leganés quisieron dejar claro que su malestar no se queda únicamente en la ausencia.

Y así fue. En el momento en que Raúl Martín Presa, presidente del club, hizo su entrada en el palco, la grada se convirtió en un clamor. Los gritos de «¡fuera, fuera!» volvieron a retumbar en el feudo pepinero, con una contundencia que dejó claro que el rechazo hacia la propiedad sigue plenamente vigente.

Una grada discreta, un ambiente insistente

Poco más de 2.000 rayistas acudieron a la cita, una cifra muy alejada de la que suele acompañar al equipo en su estadio habitual. A ellos se sumaron cerca de 1.000 aficionados del Racing de Santander, que se desplazaron para apoyar a los suyos y aportaron su granito de arena al ambiente de la tarde. En conjunto, el recinto se quedó grande para tan pocos espectadores, aunque los presentes hicieron todo lo posible por notarse.

Una crisis que viene de lejos

El conjunto franjirrojo vive una crisis institucional sin precedentes, y eso que los problemas vienen siendo constantes en los últimos años. El nudo de la cuestión está en el estadio: la Comunidad de Madrid le retiró al club la concesión de Vallecas y, además, no le da luz verde para volver a jugar allí, al considerar que se pondría en peligro la seguridad de los aficionados.

Sin casa propia y con la competición en marcha, el Rayo no tiene más remedio que jugar de local lejos de su barrio, y Butarque se ha convertido en ese escenario improvisado. Obligados a desplazarse para seguir a su equipo, las proclamas de los aficionados son cada vez más nítidas contra la propiedad del club.

Lo que esto significa en Leganés

Para quienes vivimos en Leganés, la situación tiene una lectura muy directa. Nuestro estadio municipal está acogiendo estos partidos y, con ellos, todo el trasfondo que los rodea: la protesta, los cánticos y la expectación de una afición que no quiere perder a su club. Es un papel nuevo y nada habitual para un campo acostumbrado a otras tardes de fútbol.

Los que pasen estos días por la zona del estadio deben saber que, más que un simple partido, van a encontrar un acto de reivindicación constante. Cada entrada del dirigente al palco puede venir acompañada de cánticos dirigidos contra la propiedad rayista. El ambiente, con menos gente de lo habitual, promete ser intenso.

Pocos, pero muy claros. Esa es la radiografía que deja el paso del Rayo Vallecano por Leganés: una afición que castiga con su ausencia y que, cuando acude, se hace oír sin matices. Hasta que el conflicto del estadio encuentre solución, Butarque seguirá siendo testigo de este pulso entre la grada y la propiedad, con Leganés como escenario obligado de una crisis que no es suya, pero que se juega en casa.